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sábado, 18 de diciembre de 2010

La inflamación crónica: La causa oculta de muchas enfermedades

En años recientes se ha comenzado a comprobar algo que ya muchos sospechábamos. Una gran parte de los problemas de salud que nos aquejan tienen su origen en muy pocas causas. Unas de esas causas, a la cual recientemente se le está dando mucha atención, es la inflamación crónica. Las investigaciones tienden a demostrar que ésta puede ser un agente causal o al menos contribuyente no solamente en aquellos problemas en los que la inflamación se hace evidente como la artritis reumatoide, sino en enfermedades tales como la enfermedad de Alzheimer, el cáncer, la arterioesclerosis, problemas en las válvulas del corazón, y diabetes. Estudios recientes apuntan también a estados crónicos de inflamación como una de las principales causas de la debilidad y fragilidad extrema que sufren muchas personas de edad avanzada.
Como muchas veces sucede, las mismas cosas que tienen utilidad para nuestro cuerpo son las que nos causan problemas. La inflamación es una respuesta de nuestro organismo a un trauma o una infección. Cuando sufrimos un golpe o una herida nuestro cuerpo reacciona dilatando los vasos sanguíneos de la zona afectada con lo que se produce una mayor afluencia de sangre al lugar donde está el problema. Esta mayor cantidad de sangre causa el enrojecimiento y el calor que se produce en el área. Los vasos sanguíneos también aumentan su permeabilidad dejando escapar hacia los tejidos líquidos conteniendo diversas sustancias que tienen como propósito montar un ataque contra los agentes invasores y reparar daños.
Ahora bien, existen unos estados de inflamación crónica o de bajo nivel que se producen como resultado de una infección o irritación continua, la presencia de algún agente infeccioso durante tiempo prolongado o a causa de errores del sistema inmune. Una vez iniciada la inflamación viaja a través de la sangre produciendo efectos dañinos en numerosas partes del cuerpo.
Estudios recientes relacionan estos estados crónicos de inflamación con diversos problemas de salud y enfermedades degenerativas. Una de estas es el estado de debilidad y fragilidad extrema que padecen muchas personas de edad avanzada.  Se estima que hasta un 30 por ciento de las personas de ochenta años o más sufren de esta condición. Hasta ahora se pensaba que esto era un síntoma inevitable de la edad. Sin embargo, hoy se está comenzando a considerar este estado como un síndrome o enfermedad que puede prevenirse y aliviarse con una serie de medidas relacionadas con la alimentación, el ejercicio y, en algunos casos, ciertos medicamentos. Si recordamos que la fragilidad extrema está asociada a un marcado aumento en el riesgo de caídas, pérdida de movilidad y muerte, resulta evidente la importancia de prevenir o remediar este estado. Uno de los hallazgos de un estudio llevado a cabo en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y que fuera publicado recientemente en la revista Archives of Internal Medicine, fue que los ancianos que padecen de estos síntomas presentaban altos niveles en sangre de varias proteínas asociadas a estados inflamatorios. Este hallazgo es importante ya que existe evidencia de que los estados inflamatorios pueden causas deterioro de los músculos. Los otros hallazgos fueron: un aumento en la coagulación de la sangre, y una alteración en el metabolismo de los carbohidratos.
Las enfermedades cardiovasculares también parecen estar relacionadas con estados inflamatorios. Durante varios años el Dr. Paul Ridker del Boston’s Brigham and Women’s Hospital ha estado acumulando evidencia sobre esto. Un estudio reportado hace menos de un mes parece darle la razón. En este estudio, llevado a cabo con cerca de 28,000 mujeres durante un periodo de ocho años, se encontró que cerca de la mitad de los ataques cardiacos y las apoplejías ocurrieron en aquellas cuyos niveles de colesterol no se consideraban elevados. Sin embargo, se encontró que estas mujeres, por lo general, tenían niveles elevados de una sustancia conocida como CRP (por C Reactive Protein). Esta es una sustancia asociada a los estados inflamatorios que es producida por el hígado y por algunas células del sistema inmune. Los nuevos estudios indican que la presencia de niveles altos de esta sustancia son tan o más útiles que los niveles de colesterol para determinar la probabilidad de que alguien sufra un infarto o una apoplejía.
La inflamación crónica también es dañina a las células y a los vasos sanguíneos del cerebro por lo que se cree que puede estar implicada en gran medida en una gran cantidad de problemas neurológicos e incluso en la enfermedad de Alzheimer.
Una forma de detectar si una persona padece de inflamación crónica es medir el nivel de la ya mencionada proteína CRP. Este es un procedimiento relativamente sencillo y de bajo costo. Sin embargo, existen varias pruebas distintas para medir esta sustancia y no hay unanimidad en los criterios para interpretarlas. En estos momentos grupos científicos y médicos trabajan en el establecimiento de guías al respecto.
¿Qué podemos hacer?
En el caso de estados crónicos de inflamación que no cedan de ninguna otra manera existen medicamentos que pueden ser efectivos. No obstante, en la mayoría de los casos no será necesario recurrir al uso de medicamentos si tomamos unas medidas básicas relacionadas con factores tales como la alimentación y el ejercicio.
Ni siquiera es necesario hacernos una prueba para comenzar a tomar medidas que nos ayuden a combatir y/o prevenir la inflamación crónica y los problemas que ocasiona ya que, afortunadamente, muchas de estas medidas además de ayudarnos a combatir o evitar la inflamación nos servirán para mejorar otros aspectos de nuestra salud.
Un problema acerca del cual pocas personas parecen estar conscientes es que los estilos de vida y la alimentación ejercen una enorme influencia sobre la presencia de estados inflamatorios crónicos. Un ejemplo de esto es el caso de las grasas que consumimos. La mayor parte de los aceites vegetales que se emplean para cocinar contienen grandes cantidades de un tipo de grasa poliinsaturada conocida como omega 6 que promueve los estados inflamatorios. Por otra parte hay grasas, como por ejemplo, las contenidas en el aceite de pescado conocidas como omega 3 que tienden a combatir la inflamación. El problema es que en nuestra sociedad contemporánea se consume un exceso de grasas pro inflamatoria mientras se consume muy pocas grasas del tipo omega 3 con propiedades antiinflamatorias. Algunos aceites que debemos evitar o consumir en cantidades muy pequeñas son el aceite de maíz, el de azafrán y el de girasol. Igualmente debemos evitar las margarinas hechas a base de estos aceites y las galletas y confiterías hechas con los mismos. El aceite de oliva es preferible ya que la proporción de grasas del tipo omega 6 y omega 3 que contiene es mucho más favorable a nuestra salud. Otros aceites con una proporción favorable de grasas son el de canola, el de maní y el de linaza. De hecho, este último es el que posee la proporción más favorable de todos los aceites ya que contiene al menos tres veces más grasas omega 3 que omega 6.
El pescado de aguas frías como el salmón, la sardina, y la macarela contiene una gran abundancia de omega 3, Sin embargo, en la actualidad ha surgido preocupación con la contaminación de los mares con mercurio y otras sustancias. Afortunadamente, según la agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, el salmón y la sardina no acumulan grandes concentraciones de mercurio. Sin embargo,  el atún y la macarela, entre otros, sí acumulan niveles preocupantes de este elemento tóxico.
Otros nutrientes y suplementos nutricionales también pueden ayudar. La vitamina K, el ácido gamma linolénico, antioxidantes como la vitamina E al extracto de hoja de ortiga (nettle leaf extract), el N acetyl cisteina y la DHEA tienen la capacidad de ayudar a reducir las proteínas inflamatorias.
La bromelaina, enzima digestiva presente en cantidades apreciables en la piña o ananás tiene la capacidad de ayudar a bloquear la formación de estados inflamatorios. Varias sustancias conocidas como flavonoides que se encuentran en una gran variedad de frutas y vegetales también poseen potentes propiedades antiinflamatorias. Según el Dr. Miklos Gabor, especialista en el estudio de los flavonoides reconocido internacionalmente, uno de los más efectivos flavonoides es el Picnogenol, extracto derivado del pino marítimo francés. Otras importntes fuentes de bioflavonoides son el repollo rojo, las habichuelas, la cebolla, el rábano, las fresas, las uvas, y el ruibarbo.
Igualmente es importante dejar de fumar.
El ejercicio y la reducción de peso son otros factores importantes para reducir los estados inflamatorios. Se sabe que la obesidad y la vida sedentaria tienen el efecto de hacer que el cuerpo incremente la producción de proteínas inflamatorias que pueden ser las causantes de ataques cardiacos. En un estudio reciente se encontró que un grupo de hombres sedentarios que comenzó a ejercitarse caminando 30 minutos cinco veces a la semana redujo su nivel de CRP en treinta por ciento. Bajar de peso también ayuda. Se ha demostrado que las células grasas depositan en la sangre una sustancia llamada interleukin-6 que promueve la respuesta inflamatoria, causa daños a los huesos y sirve de señal para que el hígado produzca más CRP. Algunos investigadores señalan que el cuerpo de las personas obesas parece estar en un continuo estado de inflamación de bajo nivel, por lo que la reducción de peso es sumamente efectiva para reducir los estados inflamatorios crónicos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La alimentación y el cáncer

ANUNCIO QUE HIZO EL HOSPITAL JOHN HOPKINS DE LOS EE.UU. EN 2007 SOBRE LA RELACION ENTRE LA ALIMENTACION Y EL CANCER

El Johns Hopkins Hospital es un hospital universitario en Baltimore, Maryland. El hospital ha sido nombrado en repetidas ocasiones el número uno en los Estados Unidos por la encuesta sobre "Los mejores hospitales del país" que conduce anualmente la revista U.S. News & World Report. A lo largo de su historia, este hospital ha sido el iniciador de muchos avances clínicos y científicos. Por ejemplo, los médicos del Hopkins son los pioneros de la cirugía del cáncer de mama (1889) y del corazón (1944), y de la reanimación cardiopulmonar (1958).

1.    Todos tenemos células cancerígenas. Estas células no aparecen en análisis estándares hasta que las mismas se han multiplicado por miles de millones. Cuando un médico le dice a un paciente de cáncer que no tiene más células cancerígenas en su cuerpo luego de un tratamiento, significa que el examen ya no detecta las células cancerigenas, porque la cantidad de ellas en el cuerpo no alcanzan la cantidad necesaria para ser detectadas en el análisis normal.
2.    Las células cancerígenas aparecen de 6 a 10 veces en la vida de una persona.
3.    Cuando el sistema inmune de una persona es suficientemente fuerte,  las células cancerígenas son destruidas por éste y se evita su multiplicación para formar un tumor.
4.    Cuando una persona tiene cáncer, lo que esto indica es que esa persona tiene deficiencias nutricionales múltiples. Estas podrían ser genéticas, ambientales, por alimentos o por factores de estilo de vida.
5.    Para solucionar las deficiencias nutricionales múltiples y fortalecer el sistema inmune, se recomienda un cambio en la dieta, incluyendo suplementos alimenticios.
6.    La quimioterapia implica el envenenamiento de las células cancerigenas de rápido crecimiento, pero a la vez destruye células buenas en el sistema óseo, en el tracto intestinal, etc. y pueden causar daños en órganos, tales como el hígado, riñones, corazón, pulmones, etc.
7.    Mientras la radiación destruye las células cancerigenas, también quema y daña las células saludables, los tejidos y los órganos.
8.    El tratamiento inicial con quimioterapia y radiación a menudo reduce el tamaño del tumor. Sin embargo, el uso prolongado de quimioterapia y radiación no conduce a la destrucción de más tumores.
9.    Cuando el cuerpo tiene demasiada carga tóxica, debido a la quimioterapia y la radiación, el sistema inmune está débil o destruido; entonces la persona puede sufrir de varias clases de infecciones y complicaciones.
10. La quimioterapia y la radiación pueden provocar mutación en las células cancerigenas y pueden hacerse resistentes y también de difícil destrucción. La cirugía también puede provocar que las células cancerígenas se dispersen a otros lugares del cuerpo.
11. Una forma efectiva de combatir el cáncer es no alimentar las células cancerígenas con alimentos que las estimulen a multiplicarse, y así dejarlas morir de hambre. Las células cancerígenas se alimentan de:

a)    El azúcar es un alimento estimulante del cáncer. Al eliminar el azúcar de nuestra alimentación se elimina un alimento que fortalece la proliferación de células cancerigenas. Los sustitutos del azúcar fabricados con Aspartamo son dañinos. Un mejor sustituto del azúcar es la miel de abeja y la melaza, pero siempre en pequeñas cantidades.
b)    A la sal de mesa se le añade un químico para volverla blanca, y éste es estimulante de células cancerigenas. La mejor alternativa es la sal marina.
c)    La leche produce en el cuerpo flemas, especialmente en el tracto gastrointestinal. El cáncer se alimenta de flemas. Al eliminar la leche y sustituirla con leche de soja sin azúcar, las células cancerigenas son privadas de su alimento y mueren.
d)    Las células cancerígenas se desenvuelven en un ambiente ácido. Una dieta estructurada a base de carnes rojas es ácida, por lo tanto es preferible ingerir pescado y carnes blancas (pollos) en lugar de carne de res o de cerdo. La carne roja también contiene antibióticos para el ganado, hormonas del crecimiento y parásitos, todos ellos son dañinos, especialmente a personas con cáncer.
e)    Una dieta elaborada con un 80% de vegetales frescos y zumos, granos, semillas, nueces y un poco de frutas estimula a crear un ambiente alcalino. El restante 20% de la alimentación se puede proveer de alimentos cocidos, incluyendo granos. El zumo de vegetales frescos provee enzimas vivas que son fácilmente absorbidas, penetrando al nivel celular en 15 minutos, alimentando y estimulando el desarrollo de células sanas y saludables. Beba zumo de vegetales frescos (incluyendo habichuelas y judías jóvenes) para conseguir enzimas vivas que contribuyan a desarrollar células saludables, además ingiera vegetales 2 o 3 veces al día. Las enzimas se destruyen a temperaturas de 40º C (104º F), por lo tanto cocine sus vegetales a temperaturas inferiores a 40º C.
f)    Elimine el café, té y chocolate pues tienen cafeína. El té verde es una mejor alternativa y posee propiedades que combaten el cáncer.
g)    Lo mejor para beber es el agua purificada o filtrada, para evitar las toxinas y los metales pesados en el agua. El agua destilada es ácida, por lo tanto evítela.
h)    La proteína cárnica es difícil de digerir y requiere de muchas enzimas digestivas. Los cárnicos no digeridos permanecen en el intestino, transformándose en sustancias putrefactas, lo cual produce más toxinas.
i)     La pared de las células cancerigenas tienen una dura capa de proteína. Al reducir la ingesta de cárnicos quedan libres más enzimas para atacar la pared exterior de las células enfermas, lo cual permite destruir un mayor número de células cancerígenas.
j)     Algunos suplementos alimenticios ayudan a construir el sistema inmune (antioxidantes, vitaminas, minerales, ácidos esenciales, etc.) lo cual contribuye a que el propio organismo genere células que destruyen las células con cáncer. Otros suplementos alimenticios, como la vitamina E, causan apoptosis o muerte programada de células, que es el método normal del cuerpo de desechar células dañadas, no deseadas o innecesarias.
k)    El cáncer es una enfermedad de la mente, del cuerpo y del espíritu. Una actitud pro activa y un espíritu positivo, indudablemente ayudan a sobrevivir a una persona con cáncer. La ira, la soledad y la tristeza provocan estrés y un fuerte ambiente ácido al organismo. Aprender a tener un espíritu lleno de amor y perdón contribuirá a mejorar las condiciones de cáncer. Aprenda a relajarse y a disfrutar de la vida.
l)     Las células cancerígenas no pueden operar en un ambiente oxigenado por lo tanto se recomienda hacer ejercicios y respiraciones profundas diariamente, contribuyendo a que las células reciban más oxígeno. La terapia con oxígeno es otra forma empleada para destruir las células cancerígenas.

El cáncer y el mangostán

Traducción del artículo “MANGOSTEEN AND CANCER” del Dr. J. Frederic Templeman.

Lo más importante es entender que no existe cura fiable para el cáncer. A pesar de décadas de investigación, en 2003 murió el mismo porcentaje de personas de cáncer de cólon, pecho, pulmón y próstata que en 1957. Sin embargo, incluso con estas malas noticias, hay esperanza para los pacientes con cáncer.

Cáncer es un término amplio que cubre una amplia variedad de desórdenes con el elemento común de un crecimiento celular anormal e incontrolado, que no se detiene por sí mismo. En condiciones normales, el crecimiento celular está estrictamente controlado equiparando nacimientos celulares con muertes celulares de manera que el número total de células en el cuerpo se mantenga relativamente constante. A veces, puede ocurrir un crecimiento anormal no canceroso. Seguimos denominando al tejido anormal “tumor” pero es benigno y no maligno (canceroso). En este documento sólamente trataré del cáncer. El mecanismo que estimula a las células para dividirse y multiplicarse (cuando se necesita reparar o reemplazar en el cuerpo) y después de ello para dicha estimulación está bajo el control de los genes contenidos en los cromosomas de los núcleos de todas las células. Podemos pensar en estos genes, compuestos de ADN, como la policía de la sociedad de las células. El núcleo de la célula sería, así, el centro de control de todas las actividades reguladoras.

En el núcleo, el ADN, al estilo de un disco duro de un ordenador, contiene toda la programación para el cuerpo. Cuando es dañado por radicales libres, por ejemplo, se puede corromper. Este daño se denomina mutación y es el evento crítico que conduce al cáncer. Una mutación puede verse como la incapacidad de un gen de llevar a cabo su tarea. Utilizando la comparación con la policía de nuevo, la mutación es posible sólo si el policía (gen) está corrupto por elementos criminales y entonces se convierte en criminal él mismo, o si se queda dormido durante el trabajo y no hace nada mientras suceden cambios desastrosos a su alrededor. Continuando con la analogía, las enfermedades, virus, contaminantes medio ambientales, alimentos peligrosos, etc. pueden tratarse como elementos criminales cuyo propósito es desbaratar la sociedad de células de nuestro cuerpo y después beneficiarse del caos y el daño resultantes. Estos elementos criminales tienen agentes trabajando para ellos llamados radicales libres. Los radicales libres arremeten contra cualquier parte del cuerpo como si fueran locos armados con armas automáticas disparando a todas partes y dañando así las células sanas. Después roban electrones de las células dañadas por sus ataques. Sus objetivos principales son el ADN de los núcleos, el centro de
comando de la célula donde pueden infligir el mayor daño.

El Dr. Bruce Ames, un eminente investigador de los radicales libres, estima que el material ADN en cada una de los trillones de células de nuestro cuerpo recibe alrededor de ¡diez mil ataques de radicales libres al día! La prevención de brechas en las defensas del cuerpo frente a un ataque de tal magnitud requiere los esfuerzos conjuntos de todos los agentes del sistema inmunitario, que pueden verse como las fuerzas armadas del cuerpo, junto con la colaboración de la policía o mecanismo de regulación de los genes. Cuando, a pesar de los mejores esfuerzos del cuerpo, se abre una brecha en las defensas, se forma un tumor. Cual ciudad capturada por las fuerzas enemigas, el tumor se convierte en una fortaleza con múltiples sistemas de defensa con los cuales resiste los ataques continuos del sistema inmunitario. Dentro de la fortaleza proliferan virus
tumorales y células trastornadas que son enviadas como si se tratara de agentes secretos para corromper (infectar) a células sanas en cualquier parte. Las células del mismo tumor crecen sin las restricciones normalesy, de manera casi immediata, se convierte en el tejido con mayor índice de crecimiento del cuerpo. A la vez que crecen rápidamente, roban nutrientes y energía necesaria para las células sanas. Por este motivo, los pacientes de cáncer pueden parecer famélicos y agotados (un término médico denominado cachexia). Los tumores causan dolor al hacerse suficientemente grandes como para presionar nervios u otras estructuras sensitivas. Pueden obstruir conductos o intestinos ocasionando graves disfunciones corporales. A menudo se apoderan de órganos completos, como el hígado o los pulmones, arrinconando las células funcionales y conduciendo a la muerte del órgano.

Muchos cánceres se extienden o metastatizan a otras áreas del cuerpo invadiendo órganos lejos de donde originalmente comenzaron. Contrastando con este comportamiento, la mayoría de las células normales están ancladas en su lugar. Debido a esta movilidad, una célulua de cáncer de pecho puede abrirse camino hasta el cerebro, por ejemplo, y empezar un nuevo tumor. Cuando se presenta la metástasis (sitios distintos de la invasión del cáncer), el enemigo ya ha desarrollado varias fortalezas a lo largo del cuerpo. Si el cáncer no ha sido notado, la muerte es inevitable. La intervención estándar del cáncer consite en la extirpación por cirugía de los tumores y/o su destrucción por radiación o quimioterapia. También existen terapias inmuno-simulativas, aunque son raras. Desafortunadamente, muchas de estas intervenciones también dañan el tejido sano. Por ejemplo, la quimioterapia destruye indiscriminadamente todas las células de crecimiento rápido, acabando con los folículos capilares normales, las células de la médula productoras de sangre, las células que alinean el intestino y, las más importantes, las células protectores del sistema inmunitario que son esenciales para prevenir infecciones. El reto es destruir el cáncer antes de que la quimioterapia u otro tratamiento debilite mortalmente al paciente.

Es irónico considerar que la radiación y los radicales libres del ataque de la quimioterapia utilizados para destruir los tumores pueden parecerse a los procesos que causaron en primer lugar que el cáncer apareciera.

Aunque no se reconocen como norma general por la mayoría de médicos, los suplementos alimenticios pueden ser aliados valiosos en la terapia estándar contra el cáncer. No existen evidencias convincentes que prueben que interfieren significativamente con la quimioterapia aunque algunos investigadores han examinado esta posibilidad. Además, al contrario que las medicinas, que no hacen nada para prevenir el cáncer, los suplementos alimenticios son extremadamente efectivos para regular las disfunciones celulares que conducen a la mutación y el cáncer. ¡La expresión “Un gramo de prevención vale un kilo de curación” nunca se aplicó mejor!

Las xantonas del mangostán (fitocéuticos encontrados sólamente en esta planta) han demostrado su habilidad de destruir células cancerosas en estudios de laboratorio. Por ejemplo, la garcinone E, una xantona, fué más efectiva que cinco agentes utilizados comúnmente en la quimioterapia (vincristine, mitoxantrone, 5-flourouracil, cisplastin y methotrexate) en cánceres de estómago, pulmón e hígado en un reciente y bien diseñado estudio in vitro.

Con el fin de comprender las diferentes formas en las que los fitocéuticos del mangostán nos protegen del cáncer, debo volver un momento a la teoría más aceptada del desarrollo del cáncer.

PASO UNO.

El material genético (ADN) de las células resulta dañado por radicales libres derivados de la contaminación, residuos metabólicos e infección o enfermedad, y ocurre la MUTACIÓN.

PASO DOS.

La célula dañada se divide y comienza a desobedecer las normas de la replicación celular normal. Ahora ya existe el cáncer.

PASO TRES.

Agentes promotores tumorales como el PGE 2 estimulan el crecimiento del tumor, a menudo conduciendo a metástasis.

¿Cuándo intervienen los fitocéuticos del mangostán en este proceso? Bien, la respuesta es que además de ser agentes anti-tumorales cuando ya existe el cáncer, previenen y detienen los cambios cancerosos en cada uno de los pasos. Es bastante imposible para nosotros evitar la exposición a los agentes cancerígenos y a los asaltos de los radicales libres que vienen a continuación, pero los antioxidantes y otros fitocéuticos activos del mangostán pueden proteger de daños críticos celulares. Hacen esto regulando la expresión de los genes, reparando el daño de los radicales libres y bloqueando la producción de agentes promotores tumorales. Como inhibidor COX 2, por ejemplo, el mangostán bloquea la producción de PGE 2 (prostaglandin E2) y de esa manera impide la promoción y progresión del cáncer cuando ocurre el daño en el ADN. Finalmente, atacan directamente las células tumorales. Unas palabras para la precaución. Describí previamente en “Mangosteen, the X-factor” las diferencias entre fitocéuticos y medicamentos. Los medicamentos son como grandes mazos comparados con los martillitos cubiertos de goma de los fitocéuticos.
NO INTERRUMPA NINGÚN TRATAMIENTO PARA EL CÁNCER PARA SUSTITUIRLO POR EL ZUMO DEL MANGOSTÁN

Los fitocéuticos harán su trabajo incluso en presencia de otras terapias para el cáncer. Por último, aunque es excitante caer en la cuenta de lo que los fitocéuticos del mangostán van a hacer en el área del tratamiento del cáncer, es mucho más importante prevenir el desarrollo del cáncer en primer lugar. Esperar a que desarrolles cáncer para después aprender cómo combatirlo simplemente no es inteligente. Puede que no sientas el trabajo protector que el mangostán está haciendo en tu cuerpo, pero a medida que pasan los años, los resultados que experimentarás serán difíciles de imaginar. Desafortunadamente, muchos de tus amigos que eligieron no tomar suplementos alimenticios no estarán ahí para celebrar tu buena salud.



El Dr. Templeman es médico de atención primaria, certificado en Estados Unidos y en Canadá, con más de veinte años de experiencia clínica. Como Director Médico de Phytoceutical Research, el Dr. Templeman es responsable del desarrollo de proyectos de investigación y de la evaluación de los datos clínicos. Está siendo muy demandado internacionalmente como orador y autor sobre salud, nutrición y sobre las propiedades de salud del mangostán. El Dr. Templeman viaja regularmente al Sudeste asiático, donde ha establecido numerosas asociaciones con científicos en varios países con el fin de continuar la investigación de la fruta del mangostán y la poderosas Xantonas exclusivas de esta fuente botánica. Además de sus responsabilidades normales, el Dr. Templeman ofrece regularmente sus servicios voluntarios como médico en el tercer mundo, proporcionando su esencial ayuda médica a estas comunidades incomunicadas sumergidas en la pobreza. El Dr. Templeman y su esposa Michele son padres de diez hijos y actualmente residen en Utah.


DOSIS RECOMENDADA:


Como prevención, 30 ml. o más de una a tres veces al día.
Si el cáncer ya está presente, de 60 a 90 ml. o más de dos a tres veces al día.